ZAMIAS EN EL JARDÍN BOTÁNICO DEL QUINDÍO

ZAMIAS EN EL JARDÍN BOTÁNICO DEL QUINDÍO

Por Alberto Gómez Mejía

Las zamias constituyen un grupo de plantas muy antiguo en la evolución de la vida en el planeta. Existen fósiles de 230 millones de años, aunque su mejor desarrollo se cumplió hace 150 millones[1]. Son predecesoras de las plantas con flores y hacen parte de las gimnospermas, entre las que se incluyen los pinos, es decir que tienen sus semillas al descubierto, al contrario de las angiospermas que tienen sus semillas ocultas, como sucede por ejemplo con la chirimoya o la granadilla y la mayoría de las frutas que conocemos.

Al parecer, la versión más aceptada es que el nombre Zamia viene del griego azaniae, que significa «cono de pino», palabra  que fue usada por Plinio para denominar los conos de especies del género Abies, comúnmente llamados abetos, que son coníferas oriundas de Europa, Asia y Norteamérica, pertenecientes a la familia Pinaceae .

Las zamias son plantas diocas, lo que significa que hay ejemplares masculinos y ejemplares femeninos[2]. La polinización la realizan algunos insectos, principalmente del orden coleoptera, conocidos popularmente como cucarrones. En la literatura científica hay referencias de la utilización de estas plantas como alimento en Colombia (Patiño, 1989), “a pesar de que contienen compuesto extremadamente tóxicos (Sacks, 1996)”, según Dannis MW Stevenson[3].

Este grupo está ahora incluido dentro de la familia Cycadaceae (Cogollo, verb), a la que también pertenece la mal llamada Palma fúnebre, Cycas revoluta, originaria de Japón y China. Todas ellas pertenecen al orden Cycadales. Ocurren las zamias únicamente en América, principalmente en el Neotrópico, desde el sur de Estados Unidos hasta Bolivia. Colombia, por tener 21[4] de las 60 especies existentes, es el país más diverso en este género[5]. Se dan en bosques primarios desde la orilla del mar hasta casi los 3.000 m.s.n.m. En el Jardín Botánico del Quindío tenemos ya 9 especies[6], lo que nos ha merecido el honor de pertenecer al grupo de salvamento de zamias, Plan de acción para la conservación 2015 – 2025.

Alberto Gómez Mejía, Fundador del Jardín Botánico del Quindío y autor del artículo, junto a un ejemplar femenino de la Zamia roezlli.

Son plantas muy bellas, bien apetecidas en jardinería, razón por la cual su extracción exagerada, su exportación clandestina, la destrucción de sus hábitats y la falta de cultivo industrial han llevado a que todas las especies estén catalogadas en las diferentes categorías de amenaza de extinción, siete de ellas en peligro crítico. Según el Plan de acción para la conservación de las zamias de Colombia, todas nuestras especies nativas “están el Apéndice II de la Convención CITES. Este tratado permite comercio internacional legal de semillas, pero restringe el comercio de cualquier otra parte de la planta o de los individuos (se requieren permisos para este uso)”[7].

Estas son las especies de zamias que tenemos en nuestra colección del Jardín Botánico del Quindío: Zamia amplifolia, Zamia huilensis y Zamia tolimensis, endémicas de Colombia (de las 13 que solo ocurren en nuestro país[8]); Zamia chigua, Zamia manicata, Zamia muricata, Zamia obliqua, Zamia roezleii, todas nativas, y un ejemplar de México, la Zamia furfuracea. Otros jardines han hecho un trabajo meritorio y tienen buenas colecciones de zamias: Jardín Botánico de Medellín, Jardín Botánico de la Universidad del Tolima, Jardín Botánico del Pacífico, en Bahía Solano, Jardín Botánico de Tuluá y Jardín Botánico Eloy Valenzuela.

Es necesario hacer un esfuerzo grande para salvar de la extinción este grupo de plantas, no solo por su belleza y su rareza, sino por su importancia en la historia natural del planeta.

[1] “Los análisis filogenéticos y de datación basados en datos moleculares sugieren que las especies contemporáneas (del orden Cycadales) tienen una antigüedad aproximada de 12 millones de años (Nagalingum et al., 2011)”. http://www.ib.unam.mx/m/revista/pdfs/14.-_1466.pdf

[2] En tanto que las plantas monoicas son aquellas que tienen órganos reproductivos masculinos y femeninos.

[3] http://ciencias.bogota.unal.edu.co/fileadmin/content/icn/publicaciones/floradecolombia/fdc021.pdf

[4] Hay una especie nueva, que será publicada en breve por el botánico Álvaro Cogollo. Se esperan nuevos descubrimientos de otras especies en áreas silvestres, ahora accesibles. México tiene 16 especies.

[5] Cfr. Calderón, E., Galeano G., García N. (eds). 2005. Libro Rojo de Plantas de Colombia. Volumen 2. Palmas, Frailejones y Zamias. Serie Libros rojos de especies amenazadas de Colombia. Bogotá, Colombia. Instituto Alexander von Humboldt – Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia – Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial. 454 pp. También: Esquivel, H. E. 2014. Taxonomía, sistemática e importancia de las gimnospermas. Segunda edición. Ibagué. Universidad del Tolima. 170 pp.

[6] Donadas por amigos nuestros, como Álvaro Calonje.

[7] Plan de acción para la conservación de las zamias de Colombia. http://www.minambiente.gov.co/images/ BosquesBiodiversidadyServiciosEcosistemicos/pdf/Programas-para-la-gestion-de-fauna-y-flora/Plan_de_accion_para _la_conservacion_de_las_zamias_de_Colombia.pdf. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Universidad de Antioquia. 2015. Pág. 25.

[8] Ibidem. Pág. 17.

Por | 2018-11-17T15:34:39+00:00 noviembre 17th, 2018|Sin categoría|Sin comentarios

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